Este martes, la Asamblea General de Uruguay rindió tributo a los exparlamentarios Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, conmemorando el quincuagésimo aniversario de sus homicidios en la capital argentina.
El senador del Frente Amplio, Oscar Andrade, calificó los crímenes, perpetrados el 20 de mayo de 1976, como una «escalofriante manifestación de impunidad». Destacó que estos hechos evidenciaron la «coordinación represiva y el terrorismo de Estado» que asoló la región. Andrade recordó el brutal momento en que Gutiérrez Ruiz fue forzado a presenciar, encapuchado y junto a su familia, el saqueo de su hogar, señalando la «criminalidad» inherente al proceso golpista.
Por su parte, la senadora frenteamplista Liliám Kechichian afirmó que los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, sumados a los de Rosario Barredo y William Whitelaw, y la desaparición de Manuel Liberoff, figuran entre los «actos más aborrecibles de la dictadura». La legisladora subrayó que no se trató de un «incidente fortuito ni el resultado de un conflicto», sino de una «declaración explícita del desprecio más profundo de esa dictadura», un golpe «directo a la esencia de la democracia parlamentaria» al atacar a dos de sus figuras.
Desde el Partido Colorado, el senador Pedro Bordaberry indicó que Michelini y Gutiérrez Ruiz fueron «asesinados en Buenos Aires, lejos de su patria», en circunstancias que «permanecieron ocultas por un largo tiempo». Manifestó «solidaridad con su dolor» y enfatizó que «su memoria legítima y su demanda de verdad son un derecho ineludible que la democracia está obligada a salvaguardar». Añadió que, más allá de la rememoración, es esencial «reafirmar que tales sucesos nunca debieron ocurrir, condenar lo acontecido y perseverar en la búsqueda de la verdad», a la vez que se exploran vías para la «paz y la reconciliación nacional».
El senador del Partido Nacional, Javier García, sostuvo que el atentado contra Michelini y Gutiérrez Ruiz fue en realidad un «ataque simbólico a lo que ambos exlegisladores encarnaban» como miembros del Parlamento y del sistema político uruguayo. Reflexionó que en aquel período «el odio se había arraigado en el país: un odio institucional gestado desde el poder y también un odio político». Este sentimiento, argumentó, «se manifestó contra la capacidad de coexistir en libertad y diferencia, expresándose durante esos años oscuros tanto desde la derecha como desde la izquierda, por civiles y militares».
Rafael Michelini, hijo de Zelmar, estuvo presente en la sala durante la ceremonia. Evocó los dramáticos acontecimientos cuando, a sus 17 años, recibió la noticia del asesinato de su padre, el posterior secuestro de su hermana Margarita, su liberación y la inquietante presencia de José Nino Gavazzo en su hogar. Concluyó que «el crimen marcó el inicio del fin» de una era.
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