El gobierno se encuentra en una etapa avanzada de trabajo en el nuevo Sistema de Transporte Metropolitano. Actualmente, se están llevando a cabo diversos estudios exhaustivos que incluyen simulaciones de tránsito y análisis de desvíos, fundamentales para el diseño conceptual de los 50 kilómetros de corredores que se planifica construir.
La ministra de Transporte, Lucía Etcheverry, detalló esta semana ante el Parlamento los avances de estas investigaciones. Entre ellas se destacan los estudios de impacto ambiental y social de la obra, una minuciosa evaluación económica del proyecto, y una consultoría específica sobre los potenciales impactos territoriales de la infraestructura.
Una de las principales metas de la nueva red es lograr que la velocidad promedio del transporte público ascienda a 25 kilómetros por hora. Este incremento es significativo si se compara con los 16 kilómetros por hora que alcanzan actualmente los autobuses en circulación. La iniciativa, no obstante, ha suscitado debates en el ámbito político, con legisladores de la oposición expresando sus inquietudes y solicitando explicaciones a la ministra sobre el plan de movilidad.
En cuanto a la operatividad, el sistema prevé una alta frecuencia en sus rutas troncales. En el Camino Maldonado, 8 de Octubre y 18 de Julio, se contemplan 30 servicios de bus cada dos minutos. Para las avenidas Giannattasio, Italia y 18 de Julio, se programarán 15 frecuencias cada cuatro minutos.
Los vehículos elegidos para esta red son autobuses articulados de 26 metros de longitud, con capacidad para transportar hasta 220 pasajeros. Esta capacidad, si bien elevada, es inferior a los 300 pasajeros que podría movilizar un tranvía.
El nuevo esquema de gestión propone que una agencia metropolitana sea la encargada de definir el tipo y la calidad del servicio. Esta entidad asumirá también la responsabilidad del financiamiento y de garantizar la sostenibilidad económica para las empresas operadoras. Los ingresos totales serán administrados por esta agencia, y la remuneración a las compañías se basará en la disponibilidad de su flota y en un pago por kilómetro recorrido, sujeto al cumplimiento de indicadores de calidad. Este modelo contrasta con el sistema actual, donde el fideicomiso que subsidia el transporte paga a las empresas por la cantidad de pasajeros y no por los kilómetros cubiertos.
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