Richard Read, exlíder sindical uruguayo, encabeza iniciativas en centros educativos y de oficios con el propósito de reintegrar social y laboralmente a jóvenes de entornos vulnerables, abordando problemáticas como el abandono escolar y la criminalidad. Esta publicación tuvo la oportunidad de visitar uno de estos talleres, el de Paso Carrasco, que funciona hace tres años y medio.
«Nuestra meta principal no es formar únicamente carpinteros, sino personas íntegras con una sólida cultura laboral», explicó Read. «Buscamos que comprendan el valor de un empleo, cómo gestionarlo y la importancia de conservarlo. Los resultados hasta ahora han sido muy positivos».
La génesis del proyecto surgió de la inquietud comunitaria. «Un grupo de vecinos me solicitó una reunión, preocupados por la presencia de muchos jóvenes sin actividad en las esquinas», relató Read. Tras esos encuentros, se lanzó la búsqueda de un espacio. «Hallamos este lugar, que era un terreno abandonado con dos contenedores. Lo cerramos, le pusimos un techo y lo alquilamos, transformándolo en lo que es hoy», detalló.
Muchos de los participantes actuales llegaron al centro en situación de calle. Read enfatiza que la continuidad en el programa está sujeta a ciertas condiciones. «Contamos con 11 jóvenes, de los cuales cinco se han inscrito para cursar el liceo. Es fundamental que completen la educación secundaria, ya sea Ciclo Básico o Bachillerato. Si desean trabajar con nosotros, deben finalizar sus estudios. Nosotros asumimos todos los gastos necesarios y todos están formalmente registrados, aunque algunos ingresaron siendo menores, ahora son mayores de edad», puntualizó.
Sandra, quien hoy gestiona el taller de carpintería, compartió su historia. Llegó al centro gracias a su hijo, quien le informó sobre una vacante como asistente de cocina. Un día, el hijo de Richard Read le propuso asumir la dirección del taller, y ella aceptó el desafío. «Prácticamente no tenía conocimientos, pero me arriesgué y empecé a investigar y a formarme. Aprendí muchísimo en el proceso», confesó. Resaltó la filosofía del lugar: «Siento que somos un verdadero equipo; trabajamos y tomamos decisiones de forma colectiva». Sandra reconoció que el proceso de enseñanza a los jóvenes fue arduo, debido a las complejas realidades de las que provenían.
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